La primera noche de diciembre trajo viento, lluvia y frio, pero dejó la tempestad para el interior de la Sala X. La siempre difícil (y valiente) tarea de abrir un concierto, recae esta vez en una banda que no se achica.

Con un rock plomizo, a bandazos entre el punk, el hard y un descarado toque sureño cargado de rabia, mucha rabia, Dryweed destierra el silencio en una sala que empieza a despertar. Las manos de Agustín, Alejandro y Toste (batería, guitarra y bajo) y la garganta arrugada de Iván, dividida en dos micros, cayeron sin avisar como la primera de las tormentas que veríamos esa noche. Temas como “Hole in the sky”, “CVLZD worms”, “Silver Coins” o “Nothing worse” deambularon entre sus dos trabajos: “La siembra” de 2021 y “La cosecha” de 2023 (espero que vengan muchos más). Hablan de religión, de la sociedad tantas veces absurda, de inadaptados, de los Judas con poder, vamos de la vida real (desahogándose al grito de “Me gusta la fruta”, contra algunos de esos poderes). En una descarga corta, pero viva e intensa, Dryweed crea una atmósfera con la personalidad propia de unos músicos experimentados, obreros del escenario, que se alejan de lo comercial y hacen música sincera.

Es la segunda vez que los veo. No será la última.

Ruido blanco. Una tenue melodía de ensueño y dos imágenes contrapuestas y antónimas. Una industrial, ciberpunk, apocalíptica y otra de un antes o un después, ¿quién sabe?, que guardaba, como la caja de Pandora, un hilo de esperanza.

Muy bien, tienen toda mi atención. (Ya me había advertido Fati, que estos tíos eran buenos).

Heleven salen a escena y “Stronger” resuena en la sala, sin rodeos ni tregua del anterior sonido vaporoso de la intro. “The sniper”, otra canción demoledora de segundo. “Broken”, “Something New” … las cuerdas de Álvaro, Higino y Kike y las baquetas de Matías, iban de las melodías complejas del progresivo a las secas y duras notas el metal más puro, pasando, no tan de puntillas, por ecos de grunge. La voz de Higinio, (apoyado en los coros por el también guitarrista Álvaro) pasaba por todos esos cambios con una naturalidad y destreza que poca gente puede hacer. “Over the clouds”, “Escape Room” caen como un otoño en un parque de árboles metálicos, hasta llegar, entre otras, a la maravillosa “Into the oceans”. Desgraciadamente, fin de su actuación.

Si la banda anterior fueron el rayo, estos son el relámpago, y el destello fue tal que no pude cerrar los ojos, absolutamente absorto al escenario.

Sus tres trabajos hasta la fecha, ponen de manifiesto gente que se lo curra en todos los aspectos. Las portadas de los discos, especialmente los dos últimos “Into the Oceans” y “New horizons, pt.1” son una delicia. Suma la profundidad de sus letras y la ya mencionada calidad musical y tenemos una banda acojonante con un directo de primerísimo nivel.

Si Fati, tienes toda la razón, estos tíos son buenos. Heleven tendrá un lugar destacado en mi Spotify.

Eso sí, para totalmente ser honesto, el sonido no les hizo justicia sobre todos en los primeros temas. Más de uno se acercó a la mesa para advertirlo. Una banda así no merece que perdamos un ápice de su música.

El cambio da tiempo para digerir lo visto y escuchado.

Bien, ya teníamos la descarga del rayo y el brillo del relámpago. Solo falta el del trueno.

Docka Pussel te sacude, te empuja desde el primer instante. Es un golpe fuerte a la mandíbula. Una explosión de energía, locura y a veces, dulzura psicótica. La batería de Luis y la guitarra y bajo de Ökja y Floho respectivamente, parecen ametralladoras gatling barriendo al público hasta que, de pronto y con una agilidad apabullante, cambian el tempo, la melodía, y hacen una canción dentro de la misma, guiado por la voz (debería decir voces) de Zark. Si no conoces la banda y solo tienes el audio, parece que son varias cantantes. Pero no, esas personalidades múltiples viven y salen de la garganta de Zark. A veces parece un personaje desquiciado de Tim Burton, a veces una sirena de las que vuelan, de esas que escuchaba Ulises atado al mástil de su barco. Y a veces es un seísmo roto.

La barbaridad “DSM-5” abre el concierto, seguido de “Blood”, “The wistar rats” … tema tras tema sacuden la sala con su, no hay forma mejor de describirlos, Psicometal.

“November” perteneciente a su último disco “Underdogs” me parece una obra maestra. Un tema que refleja la calidad de esta banda que merece un lleno en cada directo que haga. Termina con “Mother Storm” y una comunión de afortunados locos y locas debajo del escenario y con los músicos moviéndose con y junto al público. Menos Luis, que consideró que no le daba tiempo a montar y desmontar la batería.

Docka Pussel es adictivo. Y lo es por su originalidad y por la extrema calidad de sus músicos. Por la batería de Luis ¿Cuántos brazos tienes este hombre?, de Floho que no para un segundo en el escenario contagiando al público de su energía. De Öjka y su buen hacer en las seis cuerdas y, evidentemente, de la dama de cabello gris que guarda un coro de ángeles y demonios en las cuerdas vocales.

De ser un país con un poco de cultura musical, (todos tenemos un poco de culpa) tendría a esta gente en el Top de cualquier lista de rock y metal.

Gracias a estas tres bandas por un espectáculo, sencillamente, BRUTAL.

Pd: Si alguna toca cerca de tu ciudad, ve. Ya me lo agradeces luego.

        

Crónica por:
Durero P.

Fotografias Heleven/Docka Pussel por Guille Sánchez (gracias por cedernoslas)