Al fin pude, de nuevo, subirme a una furgo y sentir la adrenalina en las venas, de ir rumbo a lo desconocido, aunque fuera a 44 minutos, para mí era suficiente.

Llegamos a Chiclana, al final de una pendiente, flanqueado por casitas adosadas y algunas que otras aves de corral bastante enfarrucadas, pegada a un puente junto a un descampado, apareció una suerte de local que me hizo acordar muchísimo a esos antros de una Buenos Aires rural, desocupada y alejada del glamour, pero con instalaciones súper cómodas y prometedoras que se niegan a perderlo todo. La sala, a nivel capacidad técnica y espacio, es un local que tiene mucho por ofrecer y están trabajando a tope en ello, en imponerse como un nuevo reducto para conciertos, eventos y etcéteras, y quitando algunos detalles de la organización y la ventilación que pudieron haber sido resueltos de otra manera, la previa fue increíble.

Buena estructura generada por la gente de Artistea (Asociación de Músicos de Chiclana). Pues allí, mientras las ciudades se llenan de concursos ya predestinados a forjar carteles conocidos de antemano, Brukcombustion, Naphtha y MedictuM se lanzaban a ver cómo se desempeñaba una tarde de barrio y Metal.

Las cervezas mañaneras son buena guía para las ideas que me fueron contagiando poco a poco hasta que comenzó el show. Las callejuelas intrigantes de una ciudad con espíritu de humildad, olor a puchero y gente trabajadora. Más Metal que eso difícil. Y llegó lo que menos sale en las crónicas pero más refleja, a mi entender, la escena del Metal Español, porque una vez terminadas las pruebas de sonido, mientras esperábamos que la peña comenzara a asomar el cogote, estuvimos un rato largo bebiendo y hablando entre las bandas.

Compartiendo anécdotas, discutiendo y riñendo acerca del odio que profesa cada uno a diferentes elementos. Y en un abrir y cerrar de ojos, la sala se llenó y la campana de largada fue una batería de imprecaciones rítmicas y versos negros. Subió Brukcombustion, que se autodefine como Rap Old School… Yo no sé mucho de nada, pero huelo el aroma a obrero a kilómetros, a trabajador con muescas en las manos y en la mirada, a luchador de las calles y de las edades rotas que poco a poco van desapareciendo por un teletrabajo que te rompe la espalda de otra manera y parece que te jode el alma. Tal vez sean las cervezas, el calor, o mi rabia siempre presente, pero este Rap me sonó muy intenso, con cuerpo y sin tonterías, nada de impostación de esas voces nasales para hacerse los callejeros, no. Gargantas rotas de astillero vaciado y colas del INEM desoladoras. Una rítmica poderosa y bien flanqueada por las letras que hicieron un set que dejó una energía de culto a esa “vieja escuela” marcada por la sinceridad y el placer de seguir demostrando que la verdadera Protesta tiene una bandera que llevan muchos dentro, y la sacan cuando hace falta. Brillante.

Un cambio de set rápido y el Juego de Sombras de MedictuM lanzaba unos primeros acordes que se ganaron a la gente desde el minuto uno. Un sonido apoyado en la calidad técnica y la rabia de un set muy certero con el desempeño del grupo sobre el escenario. Pero no todo es alegría: a poco de comenzar el bajo sufrió una avería, y para los que dicen que es una guitarra gorda, o que no se escucha, os puedo asegurar que la gente notó que de pronto algo mermó en el cuerpo del sonido. En fin, fallos de un Universo que, cuando no te manda policías o porteros petaditos para mirar de reojo y hacerse los simpáticos con sus chalecos de cuero y comentarios tipo “Yo no soy machista-fascista-racista-deVox-vegano-pero…”, te jode por otro lado y sin motivo algo se funde.

Y aquí surge esa respuesta de apoyarse con actos, no con post de Facebook, la gente de Naphtha no dudó ni un segundo en ceder su instrumento para que la fiesta siguiera, sin poner malas caras ni comentarios irónicos. Muchos dirán que es lo lógico… Pues no tanto, che. Quitando este detalle, que sumó mucho más al despliegue que luego realizó la banda, los puntos claves de este directo son la fuerza de un batería muy joven;  con una vitalidad técnica superlativa y una potencia que su huesudo estilismo no parece anunciar, los pasajes de Death y guturales oscuros, los fangosos cambios de ritmo entre violencia y técnica acompañada de un bajo con presencia y una base armónica que aporta mucho más de lo que cree, y un Wall of Death impresionante que sobrecoge en una canción que define al grupo como apuesta segura para ojos, oídos y espíritu. La gente empatizó de tal forma que bajo el escenario todo fueron golpes, empujones, pogo y baile y hacer lazos con el grupo viviendo cada canción, cada solo de guitarra. Segundo directo presentando un disco que comienza a sonar en el únder, y las señas que deja la gente diciendo que suenan a Heavy, a Thrash, a Gojira, qué jovencitos, qué gamberros. MedictuM sigue fabricando una reputación brutal por donde pasa.

Y hablando de potencia, Groove y densidad, llegó el turno de los locales, Naphtha y su toxicidad. Hoy en día el arte del maquillaje ha llegado a ser casi un chiste, con ponerte pintura corporal comprada en los chinos, o colgar luces navideñas junto al bombo de la batería no alcanza para impresionar al público. Esto Naphtha lo sabe y cuando suben con ojos negros acuosos, maquillaje fosilizado, se convierten en entidades que vienen de un estrato infraterreno que han subido a mostrar lo que hemos hecho. (Bueno, nosotros no, si no todos los condenados que siguen contaminando el planeta, con enfermedades, baterías, aceites y smog). La gente se compenetra con esta propuesta, la cree y la adopta.

Los puntos más notables de este grupo son dos: el primero es el sonido grave, profundo y desesperado que superponen con unas bases contundentes de llamada antes de la extinción masiva. Y la otra es el golpe al pecho que incomoda, que en algún punto te recuerda lo jodido que está todo ahí afuera. Son músicos excelentes, mutados a actores de una idea que canción tras canción, en bloque perfecto, van mellando y mostrando arte y un trabajo compositivo interesante. Yo ya estaba sublevado al máximo, la temperatura de la sala era asfixiante, los empujones no paraban, y la banda metía presión y violencia.

Un sonido muy trabajado y una representación de asco, cansancio y ferocidad se descargó minuto tras minuto, canción tras canción, agotando al público, a una gente tan variopinta como implicada en todo. La noche iba de revancha, y esta terna de Brukcombustion, MedictuM y Naphtha, consiguió ser un Aleph de contenido y hacer música con contenido y sustancia, nada de relleno ficticio ni pelitos al viento rogando para entrar en un festival que ya tiene todas las puertas cerradas. Muchos grupos, aunque los conozca poca gente, están por encima de esas puertas.