Sensacional concierto vivido la noche del pasado día 29, en la sala Fanatic, con tres bandas que durante unos días se han recorrido casi toda España para repartir toneladas de vatios del mejor heavy y power metal. Demasiados matices y estilos para etiquetarlos sólo con dos palabras.

Los más jóvenes y con mayor futuro por delante, Atreides y Sylvania, y los curtidos Rhapsody Of Fire, ya con muchos kilómetros en la mochila, que sobre el escenario sin embargo mostraron la misma actitud y entrega a partes iguales, para no defraudar en absoluto a los allí presentes.

El público fue de menos a más en líneas generales tanto en asistencia como en implicación con las bandas, con aproximadamente unas 50 personas saludándose y charlando animadamente cuando Atreides salto a la palestra, poco después de las 20:15.

“Caminante” fue su tema de entrada, con un sonido potente, un ritmo relativamente calmado y Dany, vocalista de la banda, liderando y animando al público con una voz muy melódica, sobresaliendo notablemente por encima del resto de la banda.

“Penitencia” y “Distancia” mostraron una banda de sonido más contundente y pesado, antes de abrir “Herederos de la Fe” en la misma línea de ritmos acelerados y trepidantes que no concedieron un respiro.

“Garret”, “Frágiles” , “Alma Errante” y “Nueva Pangea” completaron el setlist de esta banda gallega, que mantuvo muy buen sonido durante todo el repertorio, con temas de personalidad muy distinta dentro de un mismo estilo, la batería dando caña sin parar, con un doble bombo muy protagonista en bastantes momentos, y el denominador común de la fuerza y la entrega constante de Dany en la parte vocal.

Tuvieron la difícil tarea de calentar al personal para lo que estaba por venir, y con apenas 40 minutos y un repertorio de 8 canciones, dejaron el pabellón bien alto y dieron muestras de tener calidad para labrarse un buen futuro.

Sylvania tuvo su turno una hora después, a las 21:15, con la sala más caldeada y el público bastante más metido en faena.

“Mare Tranquilitatis” supuso la introducción instrumental para la banda, que comenzó su actuación con “Sangre, Sudor y Lágrimas”, con un sonido también muy potente, una guitarra de mucha presencia, y una voz en la línea de estribillos muy melódicos con estrofas más cañeras.

El público seguía frío, y la banda se esforzaba por hacer participar a la gente, ante de comenzar con la animada “Transylvania”. Alfonso pedía la complicidad de los asistentes y estos respondían tibiamente.

“La Princesa Prometida”, “El Reino De Los Sueños” y “La Maldición De Dabria” mostraron a un grupo al que se nota el bagaje de tres discos a sus espaldas, con una actitud más suelta en el escenario y mucha calidad en todos los instrumentos. Al igual que Atreides, es difícil encasillarlos en un solo estilo, ya que sus temas combinan habitualmente tiempos medios y ritmos acelerados a partes iguales, e intercambian estrofas y ritmos muy cercanos al metal más pesado, con otros de estilo más rockero.

“Testigos De Las Estrellas”, “Luna Quebrada” y “Vivo En Tu Memoria” pusieron el punto final a su buena actuación, y marcaron el ecuador de la noche para lo que restaba por llegar.

 Los ansiados Rhapsody of Fire saltaron al ruedo cerca de las 22:30, con la introducción instrumental de “In Principio” creando la atmósfera necesaria para calentar y animar al personal antes de verlos bajar uno a uno desde la pasarela superior que conecta los camerinos con el escenario.

“Distant Sky” dejó claro desde el primer segundo que esto iba a ser otra liga. El sonido aumentaba respecto a los dos grupos teloneros y los fraseos diabólicos a la guitarra de De Micheli no iban a la zaga del aceleradísimo ritmo que mantendría casi permanentemente Manu Lotter en la batería.

El público ahora sí puso todo de su parte para animar el espectáculo, con una sala que ya se mostraba mucho más ocupada y con la que Giacomo Voli, el joven vocalista llegado hace escasos años, se mostró siempre muy interactivo y divertido.

La siguiente en sonar fue “The Legend Goes On”, de su último y alabado trabajo “The Eight Mountain”, en otro de esos estribillos marca de la casa, y un tiempo algo más pausado, que sin embargo sonó algo saturado en determinados momentos.

Giacomo agradeció al público su presencia en el show, recordó que esa era la última fecha de su gira por España y solicitó la colaboración de los auténticos fans antes de comenzar “Dargor, Shadow Lord Of The Black Mountain”, que volvió la vista atrás a los primeros trabajos de la banda, acompañado de los primeros “oe, oe, oe” del respetable. 

Es un auténtico placer ver desenvolverse a De Micheli en las seis cuerdas, en todos los estilos, y prácticamente sin despeinarse, y en este tema dio otra muestra de ello.

Entrelazando italiano con español, y español con inglés, Giacomo preguntó quiénes teníamos el último disco de la banda, y nos remitió a la zona de merchandise donde  miembros de su staff animaban el concierto con la ayuda de algunos componentes de  Atreides y Sylvania.

“The Courage to Forgive” sonó con todos los puños en alto, y un acompañamiento atronador a las teclas, cortesía del único miembro fundador de la banda que permanece en ella, Alex Staropoli. La fuerza desprendida por Rhapsody Of Fire fue en todo momento brutal.

Se nota que el grupo está orgulloso de “The Eight Mountain” y de la acogida que ha tenido, ya que fueron numerosas las canciones que interpretaron de ese trabajo: “March Against The Tyrant” es otro de los himnos de reciente hornada, y fue muy bien recibido, a pesar de sonar nuevamente bastante embarullado en las partes del estribillo. Giacomo ponía sobre aviso al público, el tema era largo y había que dosificar la energía. Los casi 9 minutos y medio de duración así lo exigen.

“Into The Legend” y el toque celta de “March Of The Swordmaster” fueron las siguientes en sonar, con esta última acompañada de multitud de coros del público y las bromas de Giacomo con una espada de juguete que Pablo Aliscar (Esquirlas de Metal) le ofreció desde abajo.

El grupo no tiene reparos en revivir los temas que lo han hecho grande en los últimos 20 años, y su seguidor más fiel siempre lo agradece. Cada canción se convierte en un himno cuando cada estribillo es coreado entre banda y público, y esto es lo que ocurrió con "Dawn of Victory”, continuando con esa revisita a temas de antaño, y supuso uno de los momentos más álgidos de la noche, con su letra coreada por prácticamente todos los allí presente. Y los vellos de punta.

 

Con buena parte de la banda descansando en las escaleras de la pasarela lateral, “The Wind, The Rain And The Moon” fue el momento más relajado de la noche. Una balada protagonizada por los teclados capaz de crear una atmósfera francamente emotiva, con Giacomo cantándola íntegramente en español, y presentando un registro mucho más personal de su abanico vocal. Grandísimos aplausos al terminar para un gran momento de unión entre músicos y público.

“Rain of Fury” cayó de forma repentina como su nombre indica: como una lluvia sinfónica a las teclas de Staropoli y en las cuerdas a manos de De Micheli y de Alessandro Sala. Todo es vértigo y velocidad en este tema acelerado y melódico donde los haya.

El vocalista estaba en su salsa y siguió bromeando con el público, en esta ocasión aprovechando la presentación de Lotter a la batería para apodarlo como Brad Pitt, llegado de Hollywood. Risas en general, y sin pausa, comenzaron a sonar los coros casi apocalípticos del arranque de “Holy Thunderforce”, en otra visita al año 2000, y a su disco “Dawn of Victory”. Impresionante el solo de teclado en uno de los pocos momentos de protagonismo de Staropoli, siempre discreto en un segundo plano en cuanto a ubicación en el escenario.

Tras esto, la banda se retiró al completo a los camerinos, aunque estaba claro que se trataba sólo de un amago, y de un merecido descanso. Como siempre, recarga de cervezas y a esperar la traca final.

Aprovechando su lenta y progresiva introducción, “Reign of Terror” trajo de vuelta a Rhapsody, y nos enseñó brevemente las habilidades guturales de Giacomo, en un tema más oscuro que el resto, con coros y dobles voces cruzadas en muchos momentos del tema.

“Master Of Peace” fue el sexto y último tema que la banda interpretó del álbum “The Eight Mountain”,  volviendo a un estilo más clásico en todas las partes de la canción, y haciendo que la sala al completo los acompañase en los estribillos.

Lo bueno se terminaba, y “Emerald Sword” fue el broche final, esperado con tantas ganas como pena por saber que era la despedida y que seguramente pasará un tiempo importante antes de volver a verlos en directo.

El espectáculo se cerró de la única forma posible, con un público absolutamente volcado con Rhapsody of Fire en cada estribillo de su Espada Esmeralda, con un hermanamiento total entre ambas partes, como colegas de toda la vida gritando y cantando juntos en cualquier taberna medieval.

Impresionante.

 

Una crónica de Jesús León para SevillaMetal.

Fotografias: Pedro Danta

Video: Daniby


             

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