El metal en España es muy visceral, y esto es así. Los países bañados por el Mediterráneo tienen una capacidad sorprendentemente única para sentir y (re)sentir con temas que han estado enclaustrados en el sótano de sus culturas, plagado de corrupción, abuso y despotismo.

MedictuM abre con osadía las puertas de lo rancio de nuestra tradición y, en forma de crítica corrosiva, nos airea la parte del país que se le esconde al turista: la España de crueldad entre semana y golpe de pecho en el primer banco de misa el domingo, la España que te señala cuando está siendo señalada por veinte más.

En definitiva, una España que “vende la fe al mejor postor y olvida la ley de su credo”, de infancias rotas y un Dios que es solo un pedazo de madera mal clavado a una pared, siempre observando y nunca dictando justicia sobre los actos que presencia.

Estos encantadores blasfemos, a través de su nuevo disco “Juego de Sombras”, nos plantan una verdad con vehemencia en la cara, sin posibilidad de escapatoria, con ese metal tradicional que tan bien nos sienta; el de bar ochentero con cervecita en la mano que encaja a la perfección con las partes instrumentales: oscuras, virtuosas y profanadas hábilmente por las voces, que alternan entre guturales típicos de variantes más extremas y agudos tan característicos del heavy clásico.

Esta banda fundada en 2012, en Morón de la Frontera, nos trae de nuevo ese thrash europeo (que es el que molaba), rabioso y pasional (sentido y resentido) pero esta vez con un componente atmosférico y tenebroso, muy tenebroso; tenebroso hasta el maldito tuétano de los huesos.

Yo hace mucho que he dejado de creer en varias cosas (algo que me convierte en una hooligan a muerte de nuestros queridos componentes de la banda), una de ellas es que no me parece que una sola banda pueda satisfacer mis gustos musicales de una tacada porque quien tenga el (dis)gusto de conocerme sabe que me levanto con Camarón y me acuesto con Burzum.

Y es la primera vez en muchos años que una banda llena tanto la parte de mí que clama la furia, la aspereza y la brutalidad como la otra parte, sedienta de una oscuridad insinuada y construida con increíble gusto y técnica.

¿Qué puedo decir decir si un puñado de ateos me han devuelto la fe?