Escribir reseñas, críticas o crónicas, parece fácil, porque simplemente es describirte algo que nos has visto, de momento, e intentar matizar de manera tal emociones e impresiones, para convencerte de que veas algo, o no. Pero cuando la figura acerca de la que se escribe tiene un recorrido y aura, profesional y humano, de dimensiones Globales, la tarea se convierte en una responsabilidad compleja.

Estas líneas intentan tener la misma densidad etérica que contagia el objeto de análisis: una personalidad valorada a la altura de los más grandes de la historia. Y tienen razón quienes afirman tal cosa.

Hablo acerca del documental que, en algo más de una hora, intenta mostrar un perfil humano de alguien que no parece ser de esta tierra cuando toca, cuando se desvanece de su cuerpo y ese hálito que se llama Alma comienza a recorrer el mástil de la guitarra para generar sonidos, arrancar melodías, transformarse en arpegios que te llegan y te envuelven. “Veinte años no son nada” se llama este breve recorrido por parte de la carrera de Jorge Salán.

A nivel técnico se hace tan ligero e interesante como, casi, poético. Arranca con una visión de la maravillosa Madrid, y Jorge sentado junto a su amigo Rodrigo Contreras, conversando acerca de los 20 años de carrera… Con cierta melancólica retrospectiva, Jorge Salán parece, en breves segundos, respirar todo lo que ha vivido como guitarrista; luego, con una sonrisa cómplice, con su amigo y con Madrid, reconoce que demasiado ha llovido desde que era un chico que descubría el mundo en su pueblo natal.

Pero las palabras tienen otro trasfondo... y ya nos da una pista de la temática y el objetivo de este trabajo… A medida que van apareciendo personajes del Mundo de la Música que han compartido escenario con él, apenas si tomamos dimensión de quién es verdaderamente. Porque aquí hay un doble rasero: el del fan del músico (como quien escribe) que racionaliza las dimensiones del guitarrista que te comenta “Me llamaron para ir de gira con Dee Snider” como quien dice que faltaba uno para el “fulbito”. Brutal cuando el propio Snider, uno de los grandes del Metal, te resume en pocas palabras la calidad y calidez del músico, profesional en extremo que se aprende en nada las canciones, y sencillo a la hora de convivir y recordarlo con cariño.

Así mismo, entre palabras de Jorge y de algunos de los gigantes con quien ha tocado, vamos conociendo su infancia, sus influencias, sus gustos musicales y sus logros. Y si acaso tengo que remarcar algún detalle del documental, es cuando Mike Terrana comenta, con la inmensa humildad de quienes saben completamente quiénes son, cuando habla con Jorge porque él “es un simple batería, que no sabe de música”. Impactante.

Mientras avanza el rodaje, vamos viendo como todos los entrevistados (Jeff Soto, Eric Martin, Kutxi Romero o Alberto Rionda entre varios), te dejan claro que Jorge será, en el futuro, uno de los grandes guitarristas de la HISTORIA. Entonces entra la segunda manera de apreciar “20 años no son nada”, la de un profesional que, desde una cosmovisión natural, se expresa para agradecer al Universo las oportunidades que ha tenido, los sonidos que ha sacado, y la versatilidad que le permite ser un seguidor del Blue´s más tradicional, como parte de una banda de Metal que estalla en directo. A modo personal, debo decir, que la edición y corte de este Bestiario del Rock, te da ganas de poner música constantemente, delirar con punteos maravillosos que te llegan al alma y que parecen disparar tantas endorfinas como sentido, incluso, a tu propia vida. Pero me quedo con algo en particular. Todos y cada uno de los que hablan de Salán, remarcan su manera de ser bajo el escenario… Y más de uno lo culpa de cerrar bares, incluso de ser proveedor en cuartos de hoteles cuando todos parecen irse a dormir.

Este documental iba a ser presentado con un nuevo disco del músico, por las virósicas razones que son de dominio global, se estrena hoy mismo, 4 de mayo, para ir afilando los colmillos a la espera de que en noviembre podamos disfrutar de una nueva interpretación en manos de Jorge Salán. Mi recomendación particular es que, una vez terminado un primer visionado, bajar las luces, servir una bebida espirituosa, e ir a buscar alguna canción de Howlin´Wolf primero, mirar hacia el horizonte después, y terminar con cualquier interpretación de Jorge Salán, mano a mano con su guitarra… y valorar ser contemporáneos de este tipo, quien demuestra en este nuevo documental, que simplemente es un guitarrista… De los mejores de la historia, sí, pero simplemente un guitarrista… El entorno de la escena y su época se encargan de confirmar tal aseveración...

Namasté.

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