Sólo con esto debería ser suficiente para que todos estemos ya haciendo cola frente al teatro con nuestras camisetas de ÑU, con nuestros discos del flautista “en solitario” sonando (“Andando sólo”, “La taberna encantada”, “Cuatro Gatos” y demás) y sobre todo con el deseo de volver a disfrutar de la magia y excelencia de uno de los músicos más importantes de la historia del rock de este país.