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Entre la gente aficionada al rock de nuestra ciudad en sus acepciones más duras y cañeras la visita de estos gigantes de la música (ya abueletes) causó una sobreexcitación generalizada, ese sano nerviosismo previo al de las memorables ocasiones se palpaba como una corriente eléctrica.

Plaza de España (Icónica Fest), 24/9/22.

Personalmente al haberme criado en la zona del Porvenir teniendo el Parque de Maria Luisa como patio de juegos desde chinorri, y siendo mi paseo diario en mis años mozos para ir a la Universidad justo por delante de la Plaza de España, todo aumentaba el aspecto emocional de disfrutar de nuestros ídolos y héroes sagrados de la adolescencia (bromeábamos unos cuantos colegas del barrio descojonaos diciendo que no es que fuéramos a ver a los Deep Purple, sino que eran ellos quienes habían venido a vernos a nosotros jeje, es lo que tiene la hilaridad de la euforia).

Esta banda legendaria forma parte de la Santísima Trinidad del hard rock británico, siendo una de las patas junto a Led Zeppelin y Black Sabbath, quienes junto a nombres como Cream, UFO, Judas Priest o Uriah Heep... más alguna que otra referencia norteamericana como Mountain, Blue Cheer, Blue Oyster Cult o Grand Funk Railroad...fueron los RESPONSABLES DIRECTOS DEL NACIMIENTO Y POSTERIOR EVOLUCIÓN DEL GÉNERO MUSICAL LLAMADO HEAVY METAL, y lo he puesto en mayúsculas para separarme de aquellos que se empeñan en desconectar la madre del cordero con sus vástagos. ¿Que Deep Purple no tiene nada que ver con el heavy metal? PERDONAAAA ?...QUE QUÉEEEEEE ? (menos mal que solo estuvieron comandando unos veinte años el Libro Guiness de los Records en su apartado “grupo musical más ruidoso del planeta”, siendo este aspecto algo meramente anecdótico).

Arrancaron la moto a toda pastilla (tras intro previa) con “Highway star” -pum, la primera en la frente oleee- y su característica y velocísima cabalgada sónica cuya fórmula se convirtió en canon o modelo perfecto para futuras bandas heavys tipo Iron Maiden o Saxon. Confirmación absoluta: una de las bases rítmicas más impecables, compactas y certeras de la historia del rock sigue manteniendo el tipo en 2022 con más de 75 tacos por barba...la maquinaria estaba perfectamente engrasada. Subidón ver al poderoso bajista Roger Glover (pañuelo en la cabeza y melena) feliz y sonriente, así como al extraordinario percusionista que es Mr. Ian Paice, concentrado y suelto a la vez ofreciendo una master-class toda la noche con la insultante facilidad del que come pipas como si no tuviera importancia tener el golpe de caja más bonito que te puedas echar a la cara, ése es el golpe de muñeca (con querencia jazz) con el que sueñan cientos de miles de baterías.

Aquello sonaba de escándalo y así se mantuvo todo el show: teníamos cantidad y calidad.

Otra pieza maestra como “Pictures of home” de su inmortal sexto álbum “Machine head” del 72 celebrando su 50 cumpleaños -del cual sonaron 3 más- y un par de canciones recientes (“No need to shout” y “Nothing at all”) del infravalorado LP del 2020 “Whoosh¡” nos sirvieron para salir del sustillo inicial con la voz de Ian Gillan que, una vez calentada, ya empezaba a fluir cada vez mejor de una de las gargantas más salvajemente castigadas de este negocio tras tropecientas giras de todos los colores y las interpretaciones más exigentes e imposibles del circuito mundial durante más de medio siglo. Los cortes más tranquilos los cantó con una dulzura y sensibilidad extremas tocando el cielo con la emotiva y maravillosa “When a blind man cries” (vieja cara B del single “Never before” que nunca quiso tocar en directo el eterno ausente Blackmore) y defendiendo con suma elegancia el repertorio admirablemente con 77 castañas.

Respecto al nuevo fichaje a la guitarra sustituyendo a Steve Morse (retirado tristemente para acompañar y cuidar a su esposa enferma de cáncer), solo podemos dictar alabanzas para este irlandés llamado Simon McBride de una generación mucho más joven, amante del blues-rock con destacada carrera en solitario, dado que -para el poco tiempo y escasas fechas con sus nuevos compañeros- brilló con luz propia derrochando técnica y pericia, aunque en algunos momentos lo vimos un pelín abrumado por la tremenda responsabilidad de participar en algo tan mastodóntico. En más de una ocasión pudimos ver a Roger Glover animándole y haciéndole gestos con la cabeza para que tomara más protagonismo y se situara en el centro del escenario. Pero por muy inspirado que estuviera en los solos y en la guapísima introducción despachada para “Uncommon man” (del disco “Now What ?” del 2013), no pudo tapar la alargadísima sombra y magia de Ritchie Blackmore “the man in black” -dato que no debe agobiarle lo más mínimo por ser misión imposible y porque tampoco lo lograron ni Joe Satriani, ni Steve Morse recientemente, ni antaño el mismísimo Tommy Bolin-. Ni en tres vidas, ni por muchos bollos que coman.

La gran diferencia de Deep Purple con el resto de las vacas sagradas del hard rock y el heavy metal siempre fue la mayor educación y cuna musical clásica tanto de su legendario compositor (gurú de los pianos, órganos hammond y teclados) Jon Lord -fallecido en 2012- como del hacha arriba citado: esto hizo que sus canciones tuvieran mucha más riqueza, calidad formal y variados matices en su paleta de colores sónicos que los demás.

“Lazy” tronó gloriosa con la aportación de Gillan a la harmónica bluessy, así como la preciosa “Anya” de la última obra maestra facturada con Blackmore en 1993 “The battle rages on”, con esos aires morunos o árabes que incluso conectan con el mundo gitano y andalusí, condiciones que se repiten en la monumental “Perfect strangers” que dió nombre al magnífico álbum homónimo del 84, esos sonidos que se asemejan a un inmenso y pesado diplodocus que se va acercando a ti son impagables (y más heavys que la madre que los parió le pese a quien le pese voto a bríos).

Impresionante trabajo a lo largo y ancho de todo el concierto de Don Airey como acertadísimo maestro de ceremonias a los teclados de la Púrpura Profunda desde hace ya dos décadas, un tipo prestigioso que, no solo fue el teclista de Rainbow del 79 al 81grabando los LP´s “Down to earth” y “Difficult to cure”, sino que antes ya había trabajado con multitud de bandas y artistas del gremio duro como Colosseum II, Gary Moore (en “Back on the streets”), Black Sabbath (en “Never say die”), en el debut de Ozzy Osbourne en solitario “Blizzard of Ozz” y después con Whitesnake (en “1987” y “Slip of the tongue”), Jethro Tull, Uli Jon Roth, Michael Schenker Group, Sinner ... o sea que su hoja de servicios resulta absolutamente envidiable. Este señor tuvo su momento de lucimiento personal con un alucinante, alegre y colorista solo en el que amagó con las notas de “Mr. Crowley” y  tuvo el detallazo de regalarnos a los aproximadamente 8.000 espectadores parte de la pieza “Sevilla” que Albéniz incluyera en su “Suite española”.

“Space truckin´” y “Smoke on the water” (ambas coreadas a voz en grito) nos anunciaban que estaban casi terminando a la hora y cuarto larga de empezar. Para el bis, los dos zambombazos esperados: aquella vieja composición original del cantautor norteamericano Joe South (“Hush”) que se convirtió en el primer y exitoso single en 1968 de Deep Purple jugueteando con el pop psicodélico y el éxtasis del remate final con el enorme single de 1970 que fue “Black night” extraído del ejemplar “In rock” cuarto disco de estudio. Estas dos tremendas piezas, originalmente  de tres minutos y pico de duración, las extendieron y adornaron maravillosamente hasta los ocho minutos cada una.   

 

Pregunténle a alguien que estuviera allí viviéndolo y verán la carita de felicidad que se le pone. Inolvidable conciertazo y un deleite y gozo especial vivirlo en la Plaza de España.

P.D.: Felicitar al equipo organizador del Icónica Fest por su gran trabajo.

Texto: Eduardo “Powerage” Pineda. 

Fotografias: @niccolo_guasti_photo