En las últimas semanas hemos podido vivir en Sevilla unos conciertazos de grandes bandas, como lo son Red Hot Chilli Peppers y Guns n’ Roses.

Se hicieron en dos de los grandes estadios de la ciudad: el Olímpico y el Benito Villamarín. El 11 de junio tuvo lugar otro evento, pero no tan multitudinario y en una sala algo más pequeña: los gaditanos Saurom volvieron a la capital para presentarnos su último trabajo y hacernos un recorrido por su discografía.

Muy a mi pesar, hacía un calor de espanto. La apertura de puertas era a las 20:00 en un principio, así que nos decidimos a quedar frente a la sala una hora antes para esperar al resto de la tropa que iba conmigo. Al final, como siempre ocurre, no pudimos entrar hasta las 20:30; ¡y menos mal! A más de uno le iba a dar un jamacuco en la cola por culpa de los 42ºC a la sombra. Dentro de la sala había otro ecosistema totalmente distinto; tenían los ventiladores y el aire acondicionado a tope, cosa que se agradecía.

Poco a poco se fue llenando la sala; la barra acabó repleta de sevillanos sedientos que después se iban posicionando frente al escenario.

El concierto comenzó con mucha puntualidad. Los músicos fueron entrando en escena acompañados de una introducción pregrabada. La noche comenzó con El monte de las ánimas, del disco “Once romances desde Al-Ándalus”. Con esta entrada tan arrolladora, el público empezó a botar, levantar sus cuernos y a menear el cuello. La siguiente canción fue Irae Dei, que fue igual o mejor que la anterior, y con la que el público empezó ya a dejarse la voz.

Debido a la pandemia, no nos pudieron presentar en su momento, y como era debido, su penúltimo trabajo (Música), así que la noche estuvo cargada de referencias a él. La primera de ellas fue Amanecer, que en directo resultó ser… UNA MARAVILLA. La siguió La hija de las estrellas, también del mismo disco, y cuyo estribillo tuvo a todo el mundo coreando junto a Migue.

Estas primeras cuatro canciones sirvieron de calentamiento para lo que se vino después. Comenzó la fiesta; comenzó la juglaría. Los primeros acordes que sonaron pusieron a todo el mundo a bailar… ¡Empezaba La leyenda de Gambrinus! La verdad es que eché de menos un buen coro en esta canción, pero de esto hablaremos más tarde.

La fiesta continuó con Músico de calle: “Estoy aquí en tu ciudad. Acércate, voy a tocar. Fabrico sueños con mi voz. Regalos sentimientos en clave de sol”. Era un clásico de “Sueños” que no podía faltar, y la siguieron El queso rodante y Noche de Halloween, que nos tuvieron a todos dando saltos y cantando.

Vive, que fue dedicada a una cumpleañera esa noche, y Salta fueron las dos últimas canciones de la primera parte del concierto.

Con Memorias de un héroe dieron comienzo a una parte del directo algo más lenta, cosa que agradecí, pues una servidora ya no es tan jovenzuela, y se me iba a salir el corazón por la boca. 3, 2, 1… La tierra quizás sea la canción que menos me gustó en directo. Aunque me dejó un poco indiferente, eso se arregló con Cuando nadie nos ve, que me tuvo con las lágrimas saltadas todo el rato (soy demasiado sentimental, sí, lo admito). Tras esta canción, comenzó Vida, de su disco homónimo, que subió el ánimo a todo el mundo con su mensaje de optimismo y felicidad.

Con los primeros acordes de la mandolina, todo el mundo supo lo que se venía: Memorias de un héroe. Desde mi punto de vista, fue una gran elección ponerla en setlist, pues después de más de dos años sin conciertos grandes, se necesitaba algo así. A esta la siguió Música¸ de su último disco de estudio, que no dejó al público indiferente. José, nuestro Joselito Airlines, lo dio todo con nosotros, dando brincos y mostrándonos su super bajo con láser. Me encantó. Después siguieron con La batalla de los cueros, una canción más que necesaria en un concierto de Saurom.

El momento más metalero llegó con Aquel paseo sin retorno, de “Maryam”, que nos tuvo a todo el mundo meneando el cuello. Pudimos ver a unos Narci y Raúl disfrutando como enanos con sus guitarras. A continuación, vino El lazarillo de Tormes, también de su último trabajo; me sorprendió gratamente en directo, y creo que no soy la única a la que le encantó. Y de lo más nuevo, nos fuimos a un clásico de “Juglarmetal”: La Musa y el espíritu. Un público emocionado se entregó al máximo en esta canción.

Aunque no nos gustara a ninguno, el final de la velada se iba acercando, pero lo hicieron como mejor se puede hacer; El carnaval del diablo hizo que todo el mundo bailara y brincara, aunque, si os soy sincera, lo que más disfruté fue el GRAN pogo que formamos en El círculo juglar, y digo gran en mayúsculas porque llegó casi al final de la sala, y además, Migue se nos unió a la fiesta frente al escenario. Las últimas canciones serían la Fiesta de la cerveza y La taberna, pero la insistencia por parte del público después de su despedida hizo que volvieran a subir al escenario para tocar La posada del Poney Pisador que, aunque no estaba en el setlist, nos dejó a todo el mundo sudados y satisfechos después de los bailes que nos marcamos.

He de decir que Saurom dio un ESPECTÁCULO, con todas sus letras, y aunque eché algunas canciones de menos, como Cambia el mundo, lo que más eché en falta fueron los coros, los saltimbanquis, los malabaristas, el fuego… Es verdad que Saurom es un grupo que no necesita mucho apoyo escénico, porque ya con sus temas y su fuerza dan un gran concierto, pero lo que se vive con todo ello… no tengo palabras para poder describirlo. Hicieron un gran trabajo, haciendo un recorrido por toda su discografía, rememorando viejos temas y presentándonos los nuevos, haciendo de ésta una gran noche. En definitiva, si nunca te has atrevido a verlos, ¡ya va siendo hora! Saurom NUNCA defrauda.

 

Escrito por La Coja de Saurom (Andrea Uve).