El cuerpo humano es inteligente, sabe adaptarse a lo terrible y a lo inhóspito; pero también sabe adecuarse a las eventualidades que le generan algo inexplicable o, mejor dicho, saben sacarle provecho.

Cuando una mente entra en trance, el cuerpo físico no es ajeno y se suma a esos momentos que acaban siendo trascendentales, donde lo corpóreo resta a la misiva espiritual. En el caso de la música Stoner suele generar un balanceo, como un movimiento pendular que intenta equilibrar las Fuerzas que lo rodean; y asimilarlas. Porque nada puede hacer por no implicarse. Entonces nada hace más que terminar formando parte de ese Aura.

Sí, el sábado 6 de noviembre estuve presente en el concierto que dieron en Sevilla dos bandas de la escena con todas las condiciones para terminar generando un mito, por sumar a una corriente que tiene mucho por mostrar en España… si las dejan claro. Hablo de Deriva y Piedra Roja que generaron un vórtice hacia universos paralelos, canalizados por cada Tercer Ojo que tocaron con su música. Porque las actuaciones fueron tan sobresalientes como para generar una burbuja anacrónica de Stoner Rock, salvaje y oscuro, intenso y técnico, primigenio y amoral. Para seguir en esta línea, voy a omitir todos los detalles que me siguen generando rabia por los latifundistas propietarios de las salas que solo corretean detrás de 5 mangos y asfixian, todavía más si cabe, a las bandas que verdaderamente generan Cultura… y no se mimetizan con traperos por, qué casualidad, 5 mangos.

Pero sí voy a escribir que subió (15 minutos antes de lo previsto por voluntad de la sala) la banda madrileña DERIVA. Y desde el primer arpegio se transformó en una fuerza inevitable de la naturaleza, tal y como describen los discos que presentaban HAIKU I y II. Con la certeza, cada tramo de su existencia, de una descripción momentánea de algo tan repentino como eterno. Con las bases recientemente ingresadas al grupo (bajo y batería, o que al menos no formaron parte de la grabación) se han mostrado tan superlativos como esos fragmentos de instrumentaciones que te llueven y, de nuevo, te hacen mecerte como una hoja cayendo desde un árbol en otoño. 2 guitarras muy lanzadas al frente, con punteos y breaks tan emotivos como virulentos, tal y como habían anunciado en sus trabajos. Y un público local que los conocía y sabía a quiénes venían a ver. Una experiencia completamente instrumental para evocar una existencia gigante y consecuente a su creación. Maravilloso mundo de la geometría sagrada hecha realidad por un mero conjunto de cuerdas y madera muerta, pendiente de la ejecución virtuosa y etérica de los 4 integrantes de Deriva. Esta gente no es una banda, o una orquesta. Es un Movimiento.

Cambio rapidísimo, con la soberbia ayuda del técnico de la sala, y a escena los misteriosos Piedra Roja, con pinturas de ritualización y, con el primer rugido un cambio de atmósfera, aunque dentro de la misma armonía que habitaba el local. Como en esas juergas lisérgicas, ¿sabés?, cuando parece que el viaje pasó, pero en verdad está tomando fuerza para comenzar otro. Piedra Roja ES otro tipo de fuerza de la naturaleza, potencia y energía, todo saliendo desde una batería hipnótica y profunda.

 

Contundente. Una voz cuidada, oscura e insondable que parece haber recorrido desiertos ancestrales. Capaz de ser tierna y cruel. Sabia u ominosa.  Me condujo a un joven Dazig entreverado con ese Nick Cave más diestro en las armonías. Y las guitarras me arrasaron, con un aroma a King Crimson, a algo tan educado en complejas herramientas capaces de llevarte por una experiencia leve y espesa. Nadie bailaba, aunque todos entramos en una suerte de balanceo particular, todos seguíamos las señas de ese Rey Lagarto que nos mostraba dónde mirar… pero no nos decía qué ver. Genial. Debo insistir, mucho, a aquellos que buscan algo consistente que experimentar en estos inviernos que se nos vienen, que experimenten, entre otras cosas, con su reciente disco.

Sí, es verdad: no sé qué canciones tocaron. Pero tampoco sé dónde estaba antes de nacer. Ni qué seré cuando deje de estar acá. Pero sé que estuve entre Deriva y Piedra Roja, en un movimiento sempiterno… me es suficiente.

Pd: Infinitas gracias a Alex Nooirax, por sus regalos, y sus cervezas… y su sabiduría para Crear cosas como estos conciertos.