Con la lógica expectación levantada en una ciudad todavía no acostumbrada a entrar en el circuito mundial de las grandes giras del circo del rock y el metal, unos 15 o 20 mil fans se agolpaban en los alrededores del Estadio Olímpico de La Cartuja soportando el calor extremo sevillano del mes de julio.

Lo primero que llamaba la atención al acceder al recinto, era la gran cantidad de espacio inutilizado al quedarse detrás del escenario “muy arrimado” por tanto, hacia el graderío sur. Sonando bajito y con una estupenda actitud cañera la joven banda THE RAVEN AGE cumplía con solvencia su papel de teloneros calentando aún más al personal con su propuesta de metal contemporáneo no exenta de buenas melodías.

Sobre las 10 de la noche y a los acordes del viejo clásico del hard-rock británico “Doctor Doctor” de UFO  a modo de introducción, arrancó un fantástico show de puro heavy metal  en un escenario ambientado en el mundo de las culturas mayas precolombinas en el que el maestro de la gran ceremonia –el vocalista BRUCE DICKINSON- apareció ante una especie de caldero-altar mágico y humeante para interpretar las dos primeras piezas –“ If Eternity Should Fail” y “Speed of Light”- del más reciente trabajo “The book of souls” (el mejor disco de IRON MAIDEN de los últimos 20 años). La primera canción que levantó el ánimo de los heavis/as veteranos/as (aquellos mismos/as que acudimos a su anterior visita a nuestra provincia –hace ya 18 años- un sábado 10 de octubre de 1998 en el Velódromo de Dos Hermanas), fue “Children of the damned” incluida en el imprescindible  “The number of the beast” cosecha del 82.

“Tears of a clown” y una fantástica a las guitarras “The red and the black” (esa innegable herencia de WISHBONE ASH) demostraron las razones del importante porcentaje de sus temas más recientes en el set-list de esta gira. Subidón de los gordos con uno de sus mejores singles de siempre: “ The Trooper” banderita y casaca en ristre incluidas. Con “Powerslave” y sus aires árabes empezó a quedar claro quién es el jefe de todo el equipo, fundador- creador y alma mater: MR. STEVE HARRIS y su bajo galopante y tenso con los dedos –estilazo y ejemplo para muchos bajistas metaleros del planeta- toda la noche. Por cierto, su compañero de la base rítmica (NICKO MaC BRAIN) contundente y preciso –como debe ser un batera-. 

 

La gloriosa pareja de guitarristas clásicos DAVE MURRAY/ADRIAN SMITH, absolutamente brillantes dejan para el 3º (JANICK GERS) los bailes y poses interactuando con mi tocayo –la mascota Eddie-. “Death or glory” y la canción homónima  del último álbum preceden a otro momentazo con “Hallowed be the name” –de mis preferidas de toda su carrera- con el cantante jugando con una soga de para ahorcados. Se suceden “ Fear of the dark” e “Iron maiden” (el tema que nunca falta en TODOS sus bolos) para dar paso a los bises: “The number of the beast”  con macho cabrío gigante que preside, “Blood brothers” y  “Wasted years” como colofón a un show de dos horas del que salimos felices.

En definitiva, enorme espectáculo de heavy metal vivimos con IRON MAIDEN, cierto es que el sonido fue mejorable y que los solos de guitarra sonaban muy bajos, pero no nos vamos a poner pejigueras ni tikismikis.

DISFRUTAMOS MUCHÍSIMO...CANTAMOS A GRITO PELAO Y NOS EMOCIONAMOS CON TEMAS Y MELODÍAS QUE NOS ENGANCHARON CUANDO ÉRAMOS ADOLESCENTES Y ESTOS GRANDES PROFESIONALES DEL CIRCO DEL ROCK´N´ROLL NOS QUITARON POR MOMENTOS 30 AÑOS DE ENCIMA. CHAPEAU A TODA LA BANDA, CON MENCIÓN ESPECIAL AL JEFE STEVE HARRIS Y A UN BRUCE DICKINSON ENTREGADO A LA CAUSA.

  

 

 

Eduardo "Powerage" Pineda. 20/7/16.


             

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