Tendría yo 15 años cuando escuché por primera vez cantar a Enrique Villareal Armendáriz “El Drogas”. Sonaba en el cuarto de mi hermano la canción: “Oveja negra” de Barricada y recuerdo que me enamoré al instante de esa salvaje y desgarrada voz… en la primera frase casi hablada “Hacedle fotos, tomadle las huellas, miradle bien los dientes, si se resiste rompedle la cabeza, la rutina de siempre”. Desde ese día, Barricada se convirtió en uno de mis grupos fetiches.

Sin embargo, y por diversas razones, nunca pude ir a verlos en concierto, espinita que he tenido clavada durante años y que el pasado viernes 14 de febrero, pude por fin sacarme…porque si bien no era ir a ver a Barricada, era ir a escuchar aquella voz que removió algo dentro de mí en mi adolescencia.

A las 22:00h se abrieron las puertas de la Sala Fanatic para que seguidores de El Drogas, de Barricada y de ambos, fuéramos entrando a coger sitio para poder disfrutar del esperado concierto.

A las 23:00h bajaron uno a uno los componentes por la pasarela hasta llegar al escenario mientras el público ovacionaba entregado. Y finalmente bajó él…El Drogas…con su inconfundible elegancia y ese aire romántico de viejo rockero. Cruzó el escenario, saludó a su público y se sentó al piano.

Empieza a sonar los primeros acordes de la canción “Tienes dos manos” y confieso que me puso nerviosa el tener tan próximo el momento de escuchar su voz, en directo, a escaso metro y medio de mí…

 

Y empezó a cantar…y yo sentí exactamente esa sensación que tuve la primera vez que lo escuché… y me evadí… en su letra, en su melodía, en la profundidad de su voz y en el ambiente tan acogedor que se había creado en aquella sala en la que no cabía un alfiler, dado que agotaron entradas.

El setlist era de órdago, un total de 43 canciones que representan un paseo de 3 horas por toda su trayectoria profesional. Desde sus comienzos en Barricada hasta su último trabajo, el álbum “Solo quiero brujas en esta noche sin compañía”, un quíntuple disco de estilos y temáticas diferentes con un total de 42 temas en los que queda patente la compleja evolución de esta gran artista. Y es que mucho ha cambiado las letras y melodías desde sus comienzos hasta ahora… si bien en Barricada eran letras más cortas en las que se apreciaba la rabia en la denuncia social y un ritmo entre el rock y el punk rock, en sus últimos trabajos y en especial en este último, se aprecia letras más extensas, más elaboradas y complejas con melodías de estilos más heterogéneos.  Y es que podría decirse que El Drogas ha pasado de cantante a ser un auténtico poeta urbano.

En total fueron más de 20 temas de su último álbum que supo intercalar a lo largo del concierto, junto a otros temas de Txarrena, El Drogas y Barricada.

Me sorprendió la diferencia de edades de los asistentes del público, y es que fácilmente había allí tres generaciones disfrutando del directo, pues El Drogas no sólo sigue acumulando nuevos fans, sino que puede presumir de mantener entre ellos a aquellos que le empezaron a seguir desde sus comienzos. Y eso se notó cuando comenzó a sonar los primeros acordes del ya consagrado “No Hay Tregua”. El público cantaba a viva voz, disfrutando del famoso tema de Barricada.

A resaltar como anécdota que a cada canción que terminaba, decía “a gusto…muy a gusto Sevilla”. Y lo cierto es que se le notaba… estaba relajado, entregado, con una vitalidad envidiable que no perdió a lo largo de todo el concierto y que supo contagiar a su agradecido público. Así que sólo queda decir: “Drogas… a gusto, pero que muy a gusto, estuvimos nosotros… ¡Gracias!”.

Agradecer igualmente al personal de la Sala Fanatic el trato dispensado con mi compañero Pedro Danta y conmigo, quienes nos permitieron acceder a la pasarela de los artistas para poder captar imágenes panorámicas del evento.

 

Crónica y Fotografía: Ro Sierra y Pedro Danta

 


             

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