La banda gibraltareña de progressive metal / deathcore, WE CAN DIVIDE BY ZERO, formada originalmente en 2009, regresa con más fuerza que nunca tras reactivarse en 2020 después de un prolongado parón. 
La banda gibraltareña de progressive metal / deathcore, WE CAN DIVIDE BY ZERO, formada originalmente en 2009, regresa con más fuerza que nunca tras reactivarse en 2020 después de un prolongado parón. 
Desde entonces, el grupo no ha dejado de crecer y consolidar su sonido, mostrando una evolución marcada por la madurez y la intensidad. Ahora,WE CAN DIVIDE BY ZERO vuelve a la escena con un nuevo álbum homónimo, una obra que no solo marca el inicio de una nueva etapa, sino que también busca establecer las bases de lo que será su identidad musical de aquí en adelante: una propuesta poderosa, técnica y emocional que reafirma su lugar dentro del panorama del metal progresivo contemporáneo.
El grupo, para quien llegue aquí por primera vez y quiera saber por quién está integrado, decir que hablamos de un cuarteto formado por Tristan Howes al bajo y la voz, Sam Cottam y Alex Vallejo a la guitarra y Chris Osborne a la batería.
El disco arranca con End of days, que supone una declaración de intenciones. Voz tremendamente versátil que trabaja desde los guturales más profundos hasta líneas limpias (tremendo contraste con los estribillos). Las guitarras, pesadísimas y con riffs muy progresivos, juegan con la base rítmica en un vals que bailan a la perfección. Sería una imponente apertura de directo, conseguiría que el público entrara en la atmósfera de la banda desde el primer segundo.
La primera mitad del álbum mantiene la misma línea, con una mención especial al doble bombo de Artificial Soul, que promete impactar como un verdadero martillazo al pecho en directo. La guitarra, sosteniendo una nota única en el ecuador del tema, genera una tensión y desesperación tan intensas que el estribillo se siente como una bocanada de aire fresco tras haber estado sumergido bajo aguas profundas. Es un verdadero deleite para los oídos más aficionados al progresivo. Tampoco podemos pasar por alto el solo de guitarra, que añade otra capa de emoción. Sin duda, es una canción capaz de transmitir distintos estados del alma, elevándote y sumergiéndote, todo en apenas cuatro minutos y medio de duración.
Y hablando de aguas, el arte que acompaña a este disco We can divide by zero cuenta con una interesante conceptualización. El ambiente evocador de la portada, con ese mar embravecido, oscuro, genera una tensión visual que amenaza con que “algo va a pasar”. La figura solitaria y pequeña frente a un círculo luminoso inmenso que funciona como eclipse (y que además es el logo de la banda) refuerza esa idea: mira al abismo o adéntrate en él. Algo viene. Acerca del arte del libreto del álbum, os animo a haceros con el CD y descubrirlo. En un mundo digital donde se ha perdido el arte de descubrir las letras de las canciones, libreto en mano, los gibraltareños han apostado por una selección de conceptos artísticos para cada página. Además, hay múltiples opciones para elegir disco en su página de merchandising (https://wecandividebyzero.bandcamp.com/merch).

Continuando por el segundo hemisferio del álbum homónimo de WE CAN DIVIDE BY ZERO, Crossfire irrumpe sin piedad, marcando el inicio de lo que será el descenso hacia su fin, pasando por Narcisos, que puede que sea la canción más interesante en cuanto estilo progresivo. La caída continúa y el corte más oscuro, Avarice, funciona de antesala a una Party Treats que cierra el álbum con un broche de oro que deja al oyente con una sensación de plenitud, pero también con la necesidad de una nueva dosis de música, haciendo la segunda escucha de este álbum una obligación.
En definitiva, el álbum homónimo de WE CAN DIVIDE BY ZERO no solo reafirma la identidad de la banda, sino que también demuestra su capacidad de evolución y experimentación dentro del metal progresivo y el deathcore. Cada tema está cuidadosamente construido para generar atmósferas intensas, emocionales y técnicas, mientras que el arte del disco complementa y profundiza la experiencia auditiva. Con esta obra, el cuarteto gibraltareño no solo invita al oyente a sumergirse en su mundo musical, sino que también deja claro que su retorno tras el parón no es un regreso casual: es una declaración de poder, creatividad y compromiso con su sonido. Para quienes buscan una propuesta fresca, compleja y apasionante dentro del panorama metalero actual, este álbum es, sin duda, una escucha obligada.
Review: Fátima Caballero.

